jueves, 5 de marzo de 2015

¿Sabes tú a dónde va?

- Ataques de risa, confesiones, complicidad, secretos, dulces palabras.
- Malentendidos, discusiones, gritos, disculpas.
- Pasión, sensualidad, besos, caricias, miradas cómplices, juegos, atracción.
- Distancia, separación, miedo, angustia, lágrimas, llamadas sin respuesta, insomnio.

Y todos ellos, con él. Y lo que más pena te daba, es que habías dejado de amarle sin poder antes hablar con él abiertamente de tus sentimientos, de todo lo que habías pasado.

Otra semana más sin noticias suyas, otra semana más en la que el olvido estuvo cada vez más presente. Y aunque deseabas con cada fibra de tu ser que ese momento llegase, seguías aferrándote a tus recuerdos con la poca fuerza que te quedaba. Pues aunque habías sufrido lo que pensaste que jamás sufrirías, eras consciente de que no cambiarías ese dolor por nada del mundo. Porque habías amado sin reservas, sin condiciones, sin barreras: Querido de verdad. Habías guardado en tu memoria cada palabra, cada sonrisa, cada conversación, cada beso, cada promesa. Y cuando las sacaste a relucir, te diste cuenta de que su recuerdo se había desvanecido, que ese espejismo del que estabas enamorada, ya no existía. Se había marchado e intentaste encontrarlo, pero te diste cuenta de que ya no hay más, que se acabó. Que ese bello sentimiento que guardabas, murió tras las agresiones constantes en esos largos años.

No le quieres, pero sabes que fue importante. Rezaste porque fuese feliz, porque se levantase cada día con una sonrisa, que disfrutase cada segundo de su vida. Rezaste porque amase a alguien de verdad, que fuese correspondido, rezaste para que un día te llamase y te dijese que finalmente lo había logrado, que era feliz.

Tu mientras tanto, seguiste por tu camino buscando volver a sentir ese amor que sólo habías experimentado con él. Y quién te iba a decir a ti, que cuando menos lo esperaste... Apareció.

No hay comentarios:

Publicar un comentario