miércoles, 2 de diciembre de 2015

Me moriré de ganas de decirte...

Les sirvieron los cafés. Recogió el suyo con la mano ligeramente temblorosa y bajó la mirada para soplar sobre la humeante taza, aunque solo fuese para no sentir aquella mirada que tanto le hacía sentir.

Uno, dos, tres segundos. Finalmente alzó la vista y sus ojos se encontraron. Ninguno de los dos se atrevía a romper el silencio, pues los recuerdos estaban demasiado presentes. Tampoco hacía falta, pues nunca un silencio había sonado tan alto. Su mirada estaba cargada de reproches nunca dichos, la de él de disculpas que su orgullo nunca le dejaría pronunciar.

Ella hizo un esfuerzo por no dejarse abrumar por los recuerdos, levantó las comisuras de sus labios y esbozó una sonrisa que mostró tanta melancolía que los ojos de él se empañaron al ser finalmente consciente de cuánto daño le había causado. Así permanecieron durante largos minutos, mirándose el uno al otro, a través de aquellas lágrimas que por fin, purgaron todo lo que ambos llevaban dentro.

Reencontrarse había sido un error, aún había demasiada intensidad. Así que se levantó, recogió su abrigo, depositó el coste del café sobre la mesa y se dispuso a marcharse. La mano cálida de él aferró la suya para solo decir:

- Lo siento.

Ella sonrió, en aquella ocasión de verdad, negando con la cabeza. Y por fin musitó aquellas palabras que tanto tiempo llevaba esperando decir:

- Hasta siempre.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Punto y final.

La realidad es, que ya no me quedan más palabras hacia ti.
Solo una profunda lástima. Pero no por mí, no porque te marchases aquel día, no por el daño que me hiciste, sino por aquello en lo que te has convertido (O quizá en lo que siempre fuiste)

Es muy triste darse cuenta de que los años han pasado, y tu te insistes en seguir presente en nuestras vidas, aún cuando cada uno ha ido pasando página como hemos podido después de aquel huracán que fue tu paso y que derribó todo lo que conocíamos.

¿No te das cuenta de que aquella época dorada en la que te sentías querido y apoyado ya hace mucho que dejó de existir? ¿Por qué no lo aceptas? Yo lo hice. Me costó mucho tiempo dejar de esperar tus llamadas, dejar de contar los días que faltarían hasta nuestro próximo encuentro. Lo hice, y Dios, es la mejor decisión que jamás he tomado.

Así que, si aún te queda algo de dignidad, de amor propio, céntrate en las pequeñas cosas que rodean tu día a día, y deja de intentar sobrevivir a la sombra de alguien a quien nunca, jamás, alcanzarás. Recoge ese orgullo que siempre te caracterizó y márchate.

No tengo nada más que decirte.


miércoles, 22 de abril de 2015

Carta a quien fuiste.

Han pasado años y aún tengo la sensación de que nuestra efímera pero intensa historia, aún no ha terminado.

No ha terminado por todas las cosas que se quedaron por decir, por todo el odio que acumulé hacia ti. Por todo el daño que me hiciste, por todas las veces que reapareciste en mi vida cuando yo no te lo pedí. Por tus mentiras, tus falsos "Te quiero", por las llamadas de teléfono que jamás llegaban, por esa verdad que jamás salió de tus labios.

Nuestra breve historia no ha terminado, pero quiero que lo haga,

Quiero que lo haga porque ya no tiene sentido que me busques ni que intentes provocar un sentimiento en mi interior que ya está olvidado. Quiero que lo haga porque ya no tengo nada más que quiera y/o pueda ofrecerte.
Quiero que lo haga porque pasó mucho tiempo desde nuestro último "Adiós". Me recuerdo a mí misma intentando buscar respuestas a todas las preguntas que nunca formulamos. Al principio ocurría a menudo, y con el tiempo apenas fuiste en mi memoria un vacuo recuerdo de todo que jamás querría volver a vivir.

Te empeñaste en poner puntos suspensivos a una historia a la que yo misma me encargué de poner punto y final.

La verdad es que no vales ni la mitad de lo que doliste.

Así que márchate. Pero esta vez que sea para no volver.

martes, 24 de marzo de 2015

We were born to die.

¿Sabes? Fuiste tú quien un día me devolvió las ganas de escribir. Para bien o para mal, fuiste el causante de todas aquellas palabras vertidas en esas líneas que jamas leíste. Y me enseñaste. Me enseñaste que "Olvidar" es un concepto diferente del que yo tenía. Tras muchos intentos, mi corazón dejo de latir al compás de tus recuerdos; Dejé de esperar esa llamada que sabía que solo me torturaría durante otros meses más. Dejé de escribirte para poder comenzar a dar forma a mi propia historia.

Pero siempre estuviste ahí. Y es que, aún sin quererlo, hay personas que marcan nuestras vidas de manera permanente. Ignorarlas es imposible, ya que te ayudaron a descubrir cosas de ti misma que no creías que pudieses hacer jamás. Te hicieron tirar el reloj por la ventana y a vivir cada instante como si fuese el último, a dar el cien por cien en todo lo que hacías; A luchar, a gritar, a reír, a querer.

Anoche me di cuenta de ello. Volví a pasear por las calles que vieron nacer nuestra breve historia, las mismas que la vieron morir.

Fue entonces cuando me di cuenta de que da igual cuánto tiempo pase, hay lugares que siempre tendrán tu nombre grabado en mi memoria.




martes, 17 de marzo de 2015

Coleccionista de recuerdos.

"Sé perfectamente que solo son palabras, sin embargo no me gusta hablar en vano. Te quiero a mi lado siempre y haré lo que sea para hacerte feliz, lo que sea para dibujar una sonrisa en tu rostro, lo que sea para que no tengas que llorar de tristeza, lo que sea para que vivas feliz a mi lado. 

Seguiré luchando por ti, porque es una lucha que merece la pena, seguiré a tu lado cuando me necesites, seguiré teniendo esos detalles, seguiré cuidándote si me dejas, seguiré protegiéndote, seguiré abrazándote y cantando en tu oído,y lo más importante: Seguiré amándote cada vez más y más hasta el final."


Cerró los ojos tras leer esas últimas líneas, emitiendo un suspiro que hablaba por sí mismo. Un suspiro lleno de añoranza, de recuerdos, de momentos felices que no valoró en su momento. Es curioso como, siempre, a todos se nos aplica el famoso "No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes".

Ella lo supo tras esas horas vagando por sus recuerdos. Y aunque era demasiado tarde, deseó con todas sus fuerzas poder recibir recuerdos igual de dulces por parte de su presente. Siempre había sido una romántica empedernida, pero de ello sabía que nadie tenía la culpa. O quizás sí. Quizás él, con esas cartas que le escribía cada poco tiempo, le había hecho creer que ese "príncipe azul" sobre el que leía en sus novelas, podía haber existido.

lunes, 16 de marzo de 2015

Detalles.

"Conozco a una persona que es capaz de hallar la perfección en una fotografía, que es capaz de hacer un texto rebosante de hermosura.
Todo lo que escribe influenciado por su inspiración es encantador.


Es capaz de querer a las personas por poco que le ofrezcan como un buen momento que se pueda recordar con una sonrisa. Con ella aprendí a demostrar mi cariño y amor sin temor alguno, pues no hay que avergonzarse de lo que uno siente si es realmente sincero. Nunca le dije a nadie que siempre estaría ahí hasta que llegó a mi vida. No utilizaba esa palabra hasta que la conocí y ahora sé que puedo usarla porque es verdadera, la siento cuando la digo y también la pienso. Sé que será así siempre.

Seguramente os preguntaréis ¿Cómo sabes que puedes confiar en alguien? Normalmente existen dudas porque no conoces a esa persona lo suficiente o porque no sería la primera vez que te traiciona. Sin embargo, cuando alguien te demuestra con hechos y palabras que realmente te quiere, sí confías. De hecho, llegas a confiar ciegamente.  Pues esos hechos son parte de su demostración acompañado, por supuesto, de las palabras, ya que no todas son tan sencillas de pronunciar. Y para mi esa es la única manera en la que se puede confiar en alguien  sin temores.

Quiero decirle que la quiero porque sólo me pide compañía y cariño, que son lo que ella también me da. Sé que nunca podré agradecérselo lo bastante porque los días a su lado son increíbles y jamás me he aburrido con ella. Porque me ha hecho ver que el amor sí es importante en la vida. Es una persona que se ha ganado gran parte de mi corazón y creo que nadie podrá ofrecerme tanto amor incondicional como ella en tan poco tiempo y en el que nos queda. Ella es mi ángel. Gracias, quererte es poco."


Terminó de leer la carta y sonrió, con lágrimas de felicidad corriendo por sus mejillas. No necesitaba más. Se alimentaba de pequeños momentos como aquel, incluso sabía que jamás se cansaría de recibir esas palabras inesperadas en papel.

Se había convertido adicta a los detalles. Porque para ella, siempre fueron lo más importante.

domingo, 15 de marzo de 2015

Contador de sonrisas.

A diferencia del resto de personas, lo único que le preocupaba al finalizar cada día era contar el número de veces que había sonreído. A veces venía corriendo a casa y entraba por la puerta sonriendo con fuerza, con tanta que en ocasiones parecía que en vez de reír apretaba los dientes, y me decía el número, normalmente uno comprendido entre 40 y 50. Era curioso porque, cuando me lo decía, por muy bajo que fuera jamás perdía esa felicidad optimista de no creer en los problemas.

Él no lo sabía, pero cuando no me veía lo miraba fijamente suprimiendo cualquier pensamiento que no fuera su existencia. Le contemplaba; a él, a sus gestos, su manera de mirar a alguien y transmitirle toda esa potencia, intensidad, fuerza... Era pura entereza, pura felicidad, puras ganas de vivir... Recuerdo un caluroso mediodía de Agosto, en el que la puerta, como siempre, se abrió ante su presencia. Entró serio, quizás pensativo, no lo sé, pero algo estaba claro; no sonreía. Lo primero que hizo fue dejar las llaves en la entrada (algo que me sorprendió bastante porque siempre venía impaciente a decirme el número), y después, con toda la tranquilidad del mundo, se acercó a mi. Colocó las manos sobre la boca, como señal de que iba a susurrarme algo al oído.
Con voz firme, musitó:

-Noventa y nueve.

Apartó su aliento de mi piel y esperó frente a mi. Tardé en reaccionar. No recordaba el significado de los números, pero al ver esa inestabilidad continúa en su risa y unos ojos que se cerraban y abrían con sosiego todo cobró sentido.

-¿Noventa y nueve?
-Sí. Hoy he bebido noventa y nueve sonrisas.

 -¿Bebido?
 -Así es. La gente bebe lágrimas, yo bebo sonrisas.

 -¿Y por qué estás así?
 -Porque ninguna de esas noventa y nueve sonrisas te pertenece a ti.