Ni siquiera sabía por qué había terminado aquí. Sin darme cuenta, mis propios pies me habían guiado hacia aquel lugar que estaba grabado a fuego en mi memoria. Titubeante, me senté en el banco que tantos reencuentros había vivido. El mismo banco que antes me parecía el mejor lugar del mundo en el que pasar las horas, ahora mismo me parecía destartalado y sin vida. No pude evitar preguntarme de cuántos momentos habría sido testigo, y sin embargo allí seguía, muchos años después, impertérrito al paso del tiempo.Fijé mi mirada en la calle por la cual él solía aparecer a estas mismas horas. Recuerdo que aquellos eran mis momentos preferidos de nuestras citas, cuando le veía caminar hacia mí y observaba la sonrisa que le cruzaba las facciones en el instante en el que me encontraba allí sentada, esperándole.
Ahora ya han pasado muchos días desde entonces. Puede que demasiados. Pero de vez en cuando, al pasar por ese lugar que había vivido los mejores momentos de nuestra historia, no podía evitar desear que las cosas hubiesen tomado un rumbo diferente. Que nos hubiésemos pertenecido durante mucho más tiempo, que nuestro "Siempre" no hubiese terminado súbitamente por un "Adiós" que no vimos aparecer.
Sonreí con tristeza, me levanté y emprendí mi camino, siendo consciente de que, a veces, no está tan mal regresar al pasado y soñar durante unos minutos con lo que pudo haber sido y no fue.
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